Es indiscutible que, como seres humanos sociales, necesitamos de los demás. Sin embargo, hay una diferencia abismal entre ese vínculo instintivo y las dependencias neuróticas que a veces se desarrollan en la vida adulta.

Estoy segura que muchos de vosotros habéis escuchado hablar más de una vez sobre “El apego” pero…

¿Qué es realmente el apego? ¿Por qué es importante?

El apego no es nada mas que los vínculos emocionales que creamos con otras personas a lo largo de nuestra vida, cuando nacemos generamos apego hacia nuestros cuidadores principales (generalmente papá y/o mamá), y a medida que crecemos, también con nuestros amigos, nuestra pareja o nuestros hijos.

La teoría del apego nos proporciona una explicación sobre cómo las experiencias relacionales que tenemos en nuestra infancia afectan a como establecemos nuestras relaciones a lo largo de nuestra vida. De hecho, en los últimos años no solo se considera importante a la hora de explicar las relaciones interpersonales, sino también en la comprensión de algunos aspectos de la personalidad y en la formación de la identidad.

Explicado de una manera más técnica, Bowlby (1993) definió “apego” como un conjunto de conductas instintivas en el niño que tienden a la búsqueda de proximidad con una o varias figuras adultas, llamadas “figuras de apego/referencia” y la restauración de dicha cercanía en el caso de perderla. Bowlby también nos dice que este mecanismo evolutivo sirve para aumentar la probabilidad de supervivencia y el éxito reproductivo.

El conjunto de respuestas innatas de apego, se demuestran en tres tipos de comportamientos:

  1. Búsqueda, control e intentos de mantener la proximidad con una figura de apego
  2. Uso de la figura de apego como base segura desde la que explorar ambientes y experiencias no familiares.
  3. Recurrir a una figura de apego como base segura en situaciones de peligro o de alarma. 

Estas experiencias tempranas de relación entre nuestro “yo bebé” y nuestras figuras de apego, quedan reflejados en los Modelos Operantes Internos del adulto.

¿Y eso qué es? Es como un guion de experiencias que tenemos en nuestra mente, y que además es inconsciente. Está formado por pensamientos y expectativas que influyen en nuestra manera de relacionarnos a lo largo de la vida. Estos pensamientos y expectativas nos proporcionan un conjunto de “reglas” sobre la direccionalidad del afecto (unidireccional o bidireccional), así como modelos de creencias y comportamientos en las interacciones sociales. Si por ejemplo un niño se ha sentido querido y cuidado por sus cuidadores, internalizará este tipo de expectativas y, cuando sea adulto, será sociable y buscará nuevas relaciones de aceptación y amor. Si un niño ha experimentado el no ser querido o cuidado por las figuras de referencia, internalizará la expectativa de que probablemente nadie lo querrá.

Los tipos o estilos de apego.

Los estilos de apego que se establecen durante la infancia se hacen visibles en los miedos o inseguridades del adulto y como éste los afronta.

Hay 4 estilos o tipos de apego:

Apego seguro: El niño o niña siente que es querido, se siente aceptado y valorado y confía en que el cuidador va a estar ahí cuando lo necesite. Bowlby nos dice que depende sobre todo de la constancia del cuidador a la hora de proporcionar cuidados y seguridad. Los niños con apego seguro manifiestan comportamientos activos, interactúan de manera confiada con el entorno y hay una sintonía emocional entre el niño y la figura vincular de apego. No les supone un esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el abandono. Es decir, pueden llevar a una vida adulta independiente, sin prescindir de sus relaciones interpersonales y los vínculos afectivos.

Apego ansioso ambivalente: El niño o niña no confía del todo en sus cuidadores, tiene una sensación de inseguridad constante ya que los no siempre llevan a cabo las conductas de cuidado y seguridad que el pequeño/a necesita. Las emociones más frecuentes en este tipo de apego, son el miedo y la ansiedad elevada ante las separaciones, además de una dificultad para calmarse cuando el cuidador vuelve. Estos niños/as necesitan la aprobación de los cuidadores y vigilan continuamente que no les abandonen. Exploran el ambiente de manera poco relajada y procurando no alejarse demasiado de la figura de apego.

De adultos, el apego ansioso-ambivalente provoca, una sensación de temor a que su pareja no los ame o no les desee realmente. Les resulta difícil interaccionar de la manera que les gustaría con las personas, ya que esperan recibir más intimidad o vinculación de la que estas les proporcionan. Un ejemplo de este tipo de apego en los adultos es la dependencia emocional.

Apego evitativo: Estos niños y niñas han asumido que no pueden contar con sus cuidadores. Muestran varias conductas de distanciamiento como no llorar cuando papá o mamá se van o evitar el contacto cercano. Este hecho se produce porque las figuras de referencia no han generado suficiente seguridad, por tanto, el pequeño/a para no sentir sufrimiento desarrolla una preferencia por la distancia emocional. Viven sintiéndose poco queridos y valorados.

En la edad adulta, sienten rechazo hacia la intimidad con los demás y tienen dificultades para establecer relaciones.

Apego desorganizado: Es una mezcla entre el apego ansioso y el evitativo. El niño/a tiene comportamientos contradictorios. Los cuidadores han mostrado conductas negligentes o inseguras. Por ejemplo, los casos de abandono temprano, cuya consecuencia es la pérdida de confianza en los cuidadores. Suelen mostrar conductas explosivas, rompen los juguetes, son impulsivos…Además, evitan la intimidad ya que no han encontrado la manera de gestionar las emociones generadas por la situación, cosa que impide la expresión de emociones positivas.

De adultos son personas con mucha frustración e ira. No sienten que los quieran e incluso parece que rechazan las relaciones, a pesar de que es su gran deseo.En otros casos, este tipo de apego en adultos puede encontrarse en el fondo de las relaciones conflictivas constantes

Por tanto, como habéis podido ver a lo largo del post, el apego que generamos en la infancia acaba repercutiendo en el tipo de apego que generaremos en nuestra edad adulta. Entender por qué establecemos las relaciones afectivas de una manera u otra nos ayuda a poder trabajar los miedos e inseguridades que tenemos y convertir una relación llena de sufrimiento en una relación sana.

  • Ainsworth, M. D. S. (1969). Object relations, dependency, and attachment: A theoretical review of the infant-mother relationship. Child development.
  • Bowlby, J. (1979). The bowlby-ainsworth attachment theory. Behavioral and Brain Sciences2(4).
  • Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss: Attachment; John Bowlby. Basic books.
  • Bowlby, J. (1977). The making and breaking of affectional bonds. The British Journal of Psychiatry, 130(3).
  • López, F. (2009). Amores y desamores: procesos de vinculación y desvinculación sexuales y afectivos. Madrid: Biblioteca Nueva.

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